«No necesitas estar completamente listo para empezar algo. A veces, empezar es exactamente lo que necesitas para descubrir hacia dónde quieres ir.»
Hoy quiero contarte algo que me ha costado años aceptar: no tengo mi vida resuelta. Y ¿sabes qué? Está perfectamente bien.
«A veces el mayor acto de valentía es admitir que no tienes todas las respuestas.»
Durante mucho tiempo creí que a esta altura ya debería tener todo claro. Que debería tener una carrera consolidada, estabilidad económica, un plan de vida perfectamente trazado. Que debería ser esa persona que tiene las respuestas correctas y un futuro brillante por delante.
La presión de tenerlo todo resuelto
Vivimos en una sociedad que nos vende la idea de que el éxito tiene una fórmula: estudiar, conseguir un buen trabajo, formar una familia, comprar una casa, y listo. Como si la vida fuera una lista de pendientes que debemos completar en orden y en tiempo récord.
Pero nadie nos prepara para cuando las cosas no salen según el plan. Nadie nos dice que está bien cambiar de opinión. Que está bien descubrir que lo que creías que querías en realidad no te hace feliz. Que está bien tropezar, caer, y tomar tiempo para levantarse.
«La vida no viene con manual de instrucciones, y esa es precisamente su belleza.»
He pasado por momentos donde cada decisión parecía equivocada, donde cada cambio de rumbo se sentía como un fracaso, donde los problemas económicos, de salud, o personales me hicieron cuestionar si realmente sabía lo que estaba haciendo con mi vida.
La vida no es una línea recta
La verdad es que la vida no es esa línea recta que nos enseñan en la escuela. No hay un manual que diga «a los 20 debes estar aquí, a los 25 allá, a los 30 en este punto». La vida es más parecida a un garabato: tiene curvas inesperadas, retrocesos, pausas, y a veces parece que no tiene sentido.
«Tu vida no es un error por no parecerse a la de los demás.»
Hoy no tengo todas las respuestas. Hoy tengo días en los que los pensamientos negativos me visitan. Hoy mi vida no se ve como pensé que se vería a esta edad. Y también hoy estoy creando algo nuevo, algo que nace desde lo más profundo de mi experiencia y mi deseo de conectar con otros que se sienten igual.
Lo que he aprendido en el camino
He aprendido que no tener la vida resuelta no me convierte en un fracaso. Me convierte en un ser humano. He aprendido que:
- Cambiar de dirección no es retroceder, es encontrar un camino que realmente tenga sentido para ti.
- Los «errores» son información valiosa, no sentencias de por vida.
- Tu valor no se mide por tus logros, sino por tu capacidad de levantarte cada vez que la vida te tumba.
- Está bien no saber qué sigue, mientras sigas dando pasos hacia adelante.
Todos tenemos nuestro propio ritmo
Hay personas que encuentran su vocación a los 18 y otras que la descubren a los 40. Algunos tienen trabajos estables desde jóvenes, otros reinventan su carrera cinco veces. Algunos saben exactamente dónde quieren estar en cinco años, otros (como yo) apenas saben qué cenar hoy.
Y todas estas formas de vivir son válidas.
Hoy, mientras escribo esto, sigo sin tener todas las respuestas. Sigo navegando la incertidumbre, sigo construyendo mientras camino, sigo aprendiendo que está bien no saber exactamente hacia dónde voy.
Y hay algo liberador en esa admisión: me da permiso de ser humana, de explorar, de cambiar de rumbo cuando sea necesario.
Porque la vida no es una carrera hacia una meta fija. Es una exploración constante, un proceso de descubrimiento que no termina nunca.
«No estás retrasado en la vida, estás en tu propio tiempo.»
El permiso que me doy (y que te doy a ti)
Me doy permiso de no tenerlo todo resuelto. Me doy permiso de crear mi propio ritmo, lejos de las expectativas de otros. Me doy permiso de ser una obra en progreso.
Y si estás leyendo esto y te identificas, también te doy ese permiso. Tu vida no tiene que verse como la de nadie más. No tienes que seguir un camino que no te hace feliz solo porque otros esperan que lo hagas.
Empezar sin estar listos
Una de las cosas más liberadoras que he descubierto es que no necesitas estar completamente listo para empezar algo. No necesitas tener todo resuelto para dar el siguiente paso. A veces, empezar es exactamente lo que necesitas para descubrir hacia dónde quieres ir.
Este blog nació de no tener las respuestas, de estar en un punto de mi vida donde todo parecía incierto. Y quizás esa es su mayor fortaleza: nace desde la honestidad de no saber, desde la vulnerabilidad de compartir el proceso en tiempo real.
Un abrazo para quien lo necesite
Si llegaste hasta aquí, quiero que sepas que no estás solo en esto. Que está bien sentirse perdido a veces. Que está bien no tener un plan maestro. Que está bien estar en construcción permanente.
Tu vida no es una obra terminada que debe exhibirse perfecta. Es una obra en progreso, y los mejores cuadros se pintan con tiempo, paciencia, y muchas capas de experiencia.
«Estar en construcción no significa estar roto.»
No tengo mi vida resuelta, y está bien. ¿Y tú? ¿Te permites también estar en proceso?
¿Te identificas con esta reflexión? Me encantaría leer tu experiencia en los comentarios. A veces, saber que no somos los únicos en este camino hace toda la diferencia.

